En busca de la Libertad. Cómo alejarse de la influencia del Estado.

La falta de libertad no se debe a la existencia del Estado, sino al nivel de influencia que tenga sobre nosotros. Partiendo de este concepto es que podemos tomar decisiones buscando como resultado disminuir dicha influencia, maximizando nuestra libertad.

Algunas de estas decisiones significan un esfuerzo significativo, un cambio radical en nuestra vida. Otras son elecciones cotidianas, que podemos empezar a practicar inmediatamente.

Alejarse de las grandes ciudades.

Vivir en un pueblo o ciudad pequeña, de no más de 100 mil habitantes, municipalidades con algunas decenas de empleados y pequeñas comisarías en los barrios, tiene grandes ventajas para quienes prefieren una vida más libre.

Las grandes ciudades al ser masas de gente, requieren de mucho mayor control de los gobiernos, más reglas, más restricciones. La falta de privacidad de las grandes aglomeraciones hacen que sólo durante las escapadas de los fines de semana podamos respirar en paz, sin sentirnos tan observados, sin tanto patrullero dando vueltas, protestas y piquetes, largas filas para hacer un trámite sencillo, etc. 

Las comunidades más pequeñas tienden a un mayor sentido de cooperación y autodeterminación. Se tira menos basura en las calles, la policía no se siente tan impune y hace la vista gorda a más cosas, los sindicatos manejan menores volúmenes de gente o casi no existen, las villas y el narcotráfico no proliferan con tanta facilidad.

La indigencia es casi inexistente, y los políticos tienen que enfrentarse a los ciudadanos con regularidad. La escases de problemas socioeconómicos masivos hace que los grupos de izquierda se mantengan muy poco activos.

Lógicamente, vivir en una pequeña ciudad tiene sus desventajas. Probablemente no tengas un shopping para visitar regularmente, ciertas industrias no se hayan desarrollado, lo cual limita algunas posibilidades laborales (por suerte el internet está acortando esa brecha), es por eso que cada uno determinará si vale la pena. Yo personalmente no tolero las grandes urbes. 

Trabajo informal, evasión de impuestos y retiro autogestionado.

Recuerdo cuando José Luis Espert dijo en el debate presidencial que un trabajador en negro no gozaba de ningún tipo de derechos. Gran mentira, siendo que trabajar de manera informal es parte de nuestro derecho a libre asociación. 

Mientras los contratos sigan atados a las leyes laborales, la única forma de trabajar sin el Estado arbitrando nuestras relaciones profesionales, es en la informalidad. Esto nos permite también evitar caer en la estafa de las jubilaciones estatales y el robo de los aportes obligatorios. 

Esto nos permite resguardar nuestro capital como mejor nos parezca en caso de querer conformar un fondo de retiro. Existe un número tan variado de opciones de retiro, que la jubilación estatal queda expuesta como el robo masivo y descarado que en realidad significa. Tristemente nuestros abuelos no supieron verla como tal. Aquí es cuando nosotros tenemos que revivir la cultura de la autogestión e independencia. 

Trabajar de manera informal además nos salva tanto a nosotros como a nuestro empleador o cliente, de pagar los múltiples impuestos al empleo o al trabajo en general.

Independencia, seguridad y recursos.

Ser capaces de velar por nuestra propia seguridad, cultivar nuestros propios alimentos o generar nuestra propia electricidad son parte de un proyecto de vida hacia el cual nos podemos ir acercando gradualmente con el paso de los años. 

Mientras muchos aspiran a tener el mejor auto, una pileta enorme para invitar a los amigos en verano y otros lujos poco trascendentes, quienes le damos prioridad a la libertad, optaremos por invertir en herramientas que nos vuelvan más independientes de los servicios que el Estado ha monopolizado.

En un país como el nuestro, en el que los salarios apenas alcanzan para vivir, esto puede volverse difícil de realizar. Pero no imposible, sólo tomará más tiempo. Pero al final valdrá la pena, especialmente viviendo bajo un régimen tan indiferente a nuestros derechos.

Agorismo de todos los días.

La contraeconomía es una práctica basada en los intercambios voluntarios sin intervención del Estado. Sin pagar impuestos, ignorando regulaciones y restricciones, evitar que el Estado condicione nuestras interacciones en cualquier forma posible, evitando también financiarlo. 

Después de todo, el Estado es un macabro juego al cual nos quieren obligar a participar por puro beneficio de sus administradores. Seremos más libres cuando menos participemos de ese juego. 

Usar y promover las criptomonedas, metales preciosos y cualquier reserva de valor o moneda de cambio independiente del aparato estatal, son un paso a favor de la libertad. Educar a nuestros amigos y vecinos en temas que las escuelas nunca tuvieron intenciones de tratar, harán que vivamos rodeados de personas más libres, potenciando así nuestra propia libertad.

No necesitamos que todo el mundo deje de creer en el Estado, sino que en nuestra vida sea cada vez más irrelevante. Después de todo, la libertad es vivir bajo nuestros propios términos, no es estrictamente necesario que todo el mundo haga lo mismo.