D10S ha Muerto

Introducción

El 25/11 una leyenda deportiva y, considerado por muchos, “símbolo patrio”: Diego Armando Maradona falleció. Su muerte deja atrás una serie de discusiones que parecen no llevar a ningún lugar y, sin embargo, tras estas podemos vislumbrar varios conceptos que nos han traído al punto en el cual hoy nos encontramos como sociedad. Es por eso que, veo mucho más importante evaluar esto en lugar de recaer en la banalidad de hablar del fallecimiento de un hombre.

Uno de los puntos más repetidos por quienes se consideran, con orgullo, “fanáticos” de este futbolista es “él nos representaba a nivel mundial” a la vez que otros niegan esto rotundamente. Esto hizo que me pregunte hasta que punto es real lo que la “gran mayoría” sentencia como algo positivo.

A su imagen y semejanza.

Uno de los puntos más repetidos por quienes se consideran, con orgullo, “fanáticos” de este futbolista es “él nos representaba a nivel mundial” a la vez que otros niegan esto rotundamente. Esto hizo que me pregunte hasta que punto es real lo que la “gran mayoría” sentencia como algo positivo.

 Si contemplamos la historia del futbolista podemos crear un paralelismo con la historia de nuestra nación y es que, en ambos casos, tenemos un crecimiento desde la pobreza hasta el éxito a nivel mundial; a la vez que la decadencia y una eterna arrogancia por lo que alguna vez fuimos.

Vemos en él un reflejo de nuestra miseria y un sueño “milagroso” que podríamos alcanzar. Durante años intentamos replicar su éxito e incentivamos a los niños a intentar alcanzarlo; de la misma forma en la que queremos recuperar nuestra posición de éxito como nación, sin embargo, ignoramos los conceptos más básicos por los cuales fracasamos estrepitosamente. Como si de algo “mágico” se tratase; ignoramos cualquier tipo de raciocinio porque “no es algo que se razona, es algo que se siente” y en nuestro fanatismo olvidamos la posibilidad real de fracaso; nos condenamos a nosotros y a nuestros hijos a la miseria una y otra vez, culpando a aquel “ente” desconocido que nos impidió alcanzar nuestro sueño, en lugar de aceptar nuestra responsabilidad.

Donde no se razona no se contempla consecuencia alguna hasta que éstas se presentan; de igual manera fracasamos en las urnas una y otra vez al elegir algún “representante gubernamental”; ya que “sentimos” su discurso, jamás lo analizamos y razonamos, al contrario, criticamos a quien intenta intelectualizar estos ámbitos.

Podemos observar como el futbolista, al igual que nosotros, cayo víctima de su propia arrogancia y, al no contemplar las consecuencias de sus acciones, perdió lo que alguna vez le había dado tanto; decayendo lentamente a ser una pálida sombra de lo que alguna vez fue y nunca lo pudo aceptar. Incluso en aquella caída nos vimos a nosotros mismos y encontramos en él un nuevo justificativo “¿Como podría soñar con el éxito, cuando incluso quien lo tuvo no pudo mantenerlo?”, victimas de un “síndrome de Estocolmo” en donde nuestra miseria es nuestro captor y nuestra micro-percepción de la realidad nuestro eterno consuelo.

Aun así, si somos completamente honestos, no podemos reducir esto a un simple jugador de fútbol. Como sociedad, nos encanta crear “héroes” y justificadores de nuestra miseria, lo que sea es mejor que reconocer cualquier responsabilidad que podamos tener sobre nuestras propias vidas.

Falsos Profetas.

Crecimos en una constante propaganda de supuestos “Idolos” que nos forzaban a, de alguna forma, adorar. Rodolfo Walsh, “El Che”, “El Indio”, Charly García, J. D. Perón, Néstor Kirchner, Maradona, entre varios otros. Nombres que vinieron acompañados por historias de grandes proezas que nunca comprobamos o un supuesto espíritu de rebeldía que al analizarlo un poco se alineaba con el discurso populista del gobierno de turno. 

Modelos a seguir que nunca vimos más allá de las apariencias. La verdad es que no nos interesa que Walsh haya disfrutado y compartido abiertamente sus visitas a un prostíbulo en la Habana donde estuvo con una menor embarazada. Los muertos y miseria que dejaron el “Che” y Perón o como tanto “el general” como “el pingüino” fueron adoctrinando a los infantes para sus propios fines y condenándonos a la pobreza.

Tampoco nos interesa la hipocresía de aquellos artistas o deportistas que dicen ser “del pueblo” mientras defienden a los populistas que llenan sus bolsillos con el dinero de nuestros impuestos y actos de corrupción. Nada de esto importa, porque “el contrato social” ha cambiado; no queremos oír lo negativo, nos negamos a enfrentar cualquier vestigio de realidad desagradable que insinué que somos cómplices o artífices de nuestra miseria.

Este nuevo “contrato social” que nuestros padres y abuelos parecen haber firmado con sangre ha manchado a la mayoría de nosotros; ya que incluso si no queremos admitirlo, hablamos de resistirnos mientras permanecemos de rodillas y es que es de eso de lo que se trata, miedo.

Vivimos con temor, al igual que en la antigüedad las sociedades eran controladas por el terror a la ira de los dioses, nosotros hemos hecho de nuestros enemigos “profetas” de un dios que se vende como generoso y compasivo pero que al mirarlo a los ojos podemos ver el rojo de la sangre de cada persona que ha muerto entregada como sacrificio.

Nuestra inmaculada fe se demuestra hasta el día hoy, donde mas del 60% de los niños de este país están siendo poco a poco sacrificados en su honor y es que ¿cómo podemos luchar por algo mejor cuando nosotros mismos no podemos reconocernos siquiera como algo más que un grupo de animales? Seres de impulsos sin raciocinio, de instinto fácil de corromper; sin salvación, sin perdón. Apoyados ciegamente en estos falsos profetas que dicen tener la intención de guiarnos hacia un brillante futuro que nunca llega y, en el fondo sabemos, que nunca llegará.

La décadence

“La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre.”
Friedrich Nietzsche

Una buena forma, y bastante precisa, de explicar qué es un populista; sería decir que es un “vendedor de esperanza”. La esperanza siempre se ha utilizado como un sentimiento positivo, incluso se la menciona como la “salvadora” de la humanidad ante los males encerrados en el mito griego de la caja de Pandora, cuando nada podría estar mas alejado de la verdad.

La esperanza es en realidad el peor de los males que pudo ser liberado en la tierra; es el ensueño que nos mantiene quietos, expectantes, en silencio y tolerantes. Es el sentimiento de la inacción, confundida muchas veces con la determinación, la esperanza es la pereza de la mente de hacer un mayor esfuerzo.

Nietzsche hablaba de esto, “la décadence”, el estancamiento de la sociedad, ceder el control de sus vidas cegados por un futuro “esperanzador” sin ninguna certeza, compromiso o dedicación y, al igual que como con la obra de Orwell; no puedo evitar encontrar paralelismos con los escritos de Nietzsche y nuestra sociedad.

Hemos abandonado toda noción de esfuerzo, orgullo, merito, raciocinio, honor y justicia; y ¿qué hemos obtenido a cambio? Atacamos a cualquier intelectual que pretenda contradecir con argumentos lo que se defiende con fanatismo, fe, esperanza y “pasión”; o, siendo aún más honestos, no necesita realmente ser un intelectual, todo aquel que siquiera plantee la duda sobre el discurso establecido es automáticamente censurado, insultado, denigrado, humillado o incluso violentado; ni siquiera el concepto de familia se ve ignorado ante estos sucesos.

Nos convencemos día a día que no tenemos la responsabilidad de marcar una diferencia en nuestras vidas o en las de quienes amamos, que es un esfuerzo fútil intentar ir en contra de lo establecido, que nuestra única posibilidad de salvarnos en esta instancia es tener esperanza en que algún día aparecerá un verdadero “salvador”.

Permitimos que nuestra autocompasión nuble por completo nuestro juicio y solo consumimos culpa, miedo y esperanza en quienes nos gobiernan, lo que nos encierra en un círculo vicioso matándonos lentamente. Es tan grosera la forma en la que hemos cedido como sociedad a nivel intelectual que incluso hemos perdido cualquier noción del “bien” y el “mal”, solo seguimos un discurso como una masa no pensante.

Queremos justicia, pero no penas duras; castigo para los criminales, pero su libertad y un curso ideológico; defender la lucha contra el maltrato hacia la mujer, pero justificar a un futbolista golpeador; rebelión y libertad para el pueblo, pero un Estado controlador y abarcativo; igualdad, pero militar para un gobierno que nos impide velar a los seres queridos que hemos perdido al mismo tiempo que organiza un velorio multitudinario para politizar la muerte.

 “La décadence” tiene como principal característica su inacción y la santificación de la miseria; hemos seguido su camino y llegado a este punto, no sin que muchos de nosotros logremos abrir los ojos, algunos incluso logrado ver más allá e intentado guiar a otros. Es tiempo de ser responsables por nuestra vida, responsables tanto por nuestra acción como por inacción y aceptar la reacción en consecuencia.

Vitalismo Nihilista

Nietzsche fue mal catalogado como “nihilista” cuando su critica social a la hora de hablar sobre “la décadence” era justamente que representaban a un grupo nihilista cuya insistencia en la descreencia sobre la naturaleza humana, la priorización de “lo inmediato” abandonando cualquier posibilidad de la búsqueda de algo “mayor” y su arrogancia al pretender imponer una superioridad moral en base a la propia miseria.

La filosofía real impulsada por él era el “vitalismo”, un desarrollo de la mentalidad del hombre que podría llevar a este a su optima instancia el “super-hombre”. En estas etapas, cataloga a los “últimos hombres” (contemporáneos) como los “camellos”, la cual era la primera de estas; el camello esclavo de su amo que soporta cualquier adversidad con tal de obedecer, sin voluntad o instinto más allá del de la supervivencia.

Este es el punto que hemos aceptado vivir por un largo tiempo, una y otra vez obedeciendo a un estado que se ha encargado de hundirnos gradualmente en la miseria para alcanzar esta gloriosa “superioridad moral” ya que en la pobreza y miseria se es “realmente humilde”.

Es importante comprender esta verdad y ser capaces de trasmitirla; es sencillo quedarse con la metáfora de “la caverna” de Platón y aceptar que quien logra conocer el mundo e intenta trasmitir la idea de libertad será masacrado por aquellos que creen que el mundo se limita a la caverna, pero hay un detalle en el que no se centra ese relato y es en el discurso. Quienes han comprendido las consecuencias reales de la inacción contra estas fuerzas, han asumido la postura de la siguiente etapa de Nietzsche.

La segunda etapa es “el león”, una utilización apropiada del nihilismo, la rebelión ante lo establecido, lo que buscó someternos. El problema con esto es que quienes se encuentran en esta etapa temprana por lograr su libertad mental, al intentar trasmitir la idea fracasan estrepitosamente; y es qué ¿cómo podríamos controlar nuestros impulsos al comprender que nuestros padres, abuelos y de más han sido esclavizados de esta manera? 

Es por eso que es importante reconocer nuestro papel en esto; asumir nuestras limitaciones y responsabilidad, nutrir nuestro conocimiento para poder actuar con racionalidad y precisión, así romper las cadenas de forma efectiva y definitiva, dándonos la posibilidad de alcanzar la etapa final.

El niño, es la etapa optima en el camino hacia “el super-hombre” y es que en este punto nos hemos librado de nuestras cadenas, hemos aprendido como luchar contra aquellos que buscaron/buscan someternos y hemos aceptado nuestras limitaciones con la intención de superarlas. “El niño” es el mejor receptor, el curioso, quien aprende y se adapta; quien comprende el “mal” pero busca el “bien”, cuya única pretensión es su propio avance y metas. De la misma forma debemos incentivar la transición y la superación de estas etapas como individuos, lograr romper con las cadenas mentales que privan al resto debilitaría al tirano que busca someternos.

Es posible que este articulo parezca haberse desviado de su origen, que el punto parecía ser hablar sobre la muerte de Diego A. Maradona y concluye como una pseudo clase de filosofía; pero si ese es el pensamiento de alguien que ha llegado hasta este punto, a ese alguien le pregunto: ¿De qué nos sirve glorificar o juzgar a un difunto cuando todos nos estamos aproximando a su encuentro?

Pensamientos Finales.

Nos encontramos en tiempos bastantes complicados, hemos estado a la deriva antes pero no tan cerca de un desastre tan grande. No es momento de perder el enfoque con batallas absurdas, es momento de ser reflexivos y acompañar esto con acciones precisas. Esto no implica abandonar nuestros ideales, más bien ser estrategas, saber vislumbrar el orden óptimo de las prioridades y actuar en consecuencia es lo que lleva a una victoria asegurada.

Podría haberme centrado en hablar sobre la muerte de un futbolista mientras hay gente muriendo de hambre, hablar de la contradicción en el feminismo que llora a un golpeador de mujeres y consumidor de prostitución infantil, cometer la idiotez de juzgar su apoyo a los regímenes venezolano y cubano pero la verdad es que, es tan repudiable como en la mayoría de personas adoctrinadas en este país o incluso hablar sobre la repulsión de la mayoría hacia la meritocracia, misma que admiran en su historia de vida; la verdad es que si tuvo tan poco lugar en este texto es por la misma razón que decidí utilizar ese título, fue solo un buen deportista y sin embargo lo exaltamos hasta el absurdo, nos volvimos dependientes y olvidamos todo lo demás. Es por eso que quise hablarles a ustedes y dejarlos con esto:

El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza” – Friedrich Nietzsche.

D.